El sufrimiento mental puede convertirse en sufrimiento físico

 

Un modo habitual de reaccionar a las experiencias difíciles o dolorosas consiste en intentar escapar de su impacto emocional, empleando la distracción de la atención, la negación de la experiencia o “pensar en positivo” sobre los aspectos de la misma que generan malestar.

Pero, como la experiencia no es aceptada ni comprendida, reaparece en la mente de forma involuntaria, dando lugar a un proceso de “rumiación” que se repite una y otra vez, prolongándose así el sufrimiento mental, el esfuerzo por escapar del mismo, la tensión y el desorden interno.

La rumiación implica un juicio sobre la experiencia y, por tanto, pensar en los sentimientos en lugar de experimentarlos directamente. Dicho juicio, que se deriva de patrones mentales automáticos y habituales, genera una percepción distorsionada de la realidad que incrementa el sufrimiento mental.

Como consecuencia, se amplifican y prolongan los componentes somáticos de la activación emocional, desarrollándose unas condiciones autonómicas, endocrinas e inmunes que facilitan la aparición y el mantenimiento de la enfermedad.