¿Por qué no debemos parar o juzgar nuestros pensamientos en el momento presente?

¿Por qué no debemos parar o juzgar nuestros pensamientos en el momento presente?

¿Por qué no debemos parar o juzgar nuestros pensamientos en el momento presente?

Siempre que pensamos, lo hacemos sobre algo que ya ha sucedido o va a suceder. Por eso creemos que los pensamientos nos impiden la consciencia de lo que sucede en el momento presente. Si estamos haciendo algo, los pensamientos nos impiden prestar atención a esa acción, por lo que podemos cometer errores en su ejecución, aunque se trate de algo que podemos hacer de forma automática porque ya lo hemos hecho muchas veces anteriormente.

Sin embargo, el pensar que los pensamientos nos impiden vivir plenamente el momento presente, puede motivar un esfuerzo para no pensar, para no recordar, impidiendo la consciencia de los pensamientos o recuerdos espontáneos e ignorando que estos son también sucesos que ocurren en el momento presente.

Tratar de expulsar recuerdos de experiencias no aceptadas no sirve

Si no tratamos de controlar la atención, ésta se dirige de forma espontánea a aquellas experiencias que no hemos aceptado o comprendido. Si expulsamos de nuestra consciencia los recuerdos, esas experiencias seguirán sin ser aceptadas ni comprendidas, por lo que su recuerdo volverá y nos será más difícil desprendernos de él.

Esas experiencias que no aceptamos pueden ser ciertos deseos o ciertos sentimientos que están mal vistos, como por ejemplo el odio o la envidia. Es natural que nos cueste reconocer experiencias que nos señalan nuestros defectos o lo que creemos que son defectos, pero si no las reconocemos, no podemos comprender porqué se producen y esos aspectos de nuestra personalidad continuarán en la sombra, es decir, no conoceremos una parte de nosotros mismos y esa parte, por tanto, podrá escapar de nuestro control consciente y convertirse en algo peligroso para uno mismo o para los demás.

No controlar la atención puede llevarnos a las experiencias que amamos

Si no tratamos de controlar la atención, ésta también puede dirigirse de forma espontánea a las experiencias que nos gustan, que nos resultan agradables, que nos hacen disfrutar y que forman parte de uno mismo, de nuestro ser, como comentamos en el anterior artículo publicado. Esto implica que, si se trata de una actividad, podemos concentrarnos en ella sin ningún esfuerzo, por lo que cometemos menos errores y lo hacemos cada vez mejor.

Por eso, normalmente lo que nos gusta se nos da bien. Además, si podemos mantener la concentración en algo, podemos olvidarnos, al menos por un rato, de nosotros mismos y de nuestros problemas, sin necesidad de hacer un esfuerzo para ello. 

Ramón Mora Molina

Ramón Mora

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