III. El mindfulness como metodología para la prevención y la promoción de la salud.

III. El mindfulness como metodología para la prevención y la promoción de la salud.

MEJORAR LA SALUD CON MINDFULNESS 

Si en las últimas semanas abordamos las 3 variables que modulan los efectos patógenos del estrés, que son la alexitimia, la personalidad resistente al estrés y el apoyo social, así como el marco teórico que utilizan los profesionales para ayudarnos a minimizar las consecuencias del estrés en nuestra salud, hoy vamos a meternos de lleno en el MINDFULNESS o la atención plena como metodología eficiente en la prevención y la promoción de la salud.

¿Qué es el mindfulness?

La práctica de la meditación o mindfulness cuenta con una tradición milenaria y ha sido cultivada en las diversas escuelas budistas. En occidente, recientemente se ha despojado de toda referencia religiosa, concibiéndose como una habilidad psicológica para el desarrollo de la conciencia.

En esta línea, en 1979 Jon Kabat Zin desarrolla elprograma MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction) en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts y desde entonces se ha convertido en un referente en psicología, concretamente de las Terapias de 3ª Generación. Es una de las intervenciones complementarias y alternativas reconocidas por el Instituto Nacional de Salud (NIH) de EEUU, dentro de la denominada Medicina Mente-Cuerpo.

¿Por qué el mindfulness es eficaz?

El MBSR ha demostrado de manera consistente, confiable y reproducible reducciones importantes y clínicamente relevantes en los síntomas médicos y psicológicos a través de una amplia gama de diagnósticos médicos.  

Son numerosos los estudios que confirman los efectos positivos de la meditación en diversos parámetros biológicos de salud, como el aumento de los niveles de endorfinas, serotonina o el mejor funcionamiento del sistema inmune.

“El estado de alerta que se alcanza durante la meditación favorece la salud, reduciendo la activación del sistema nervioso simpático, lo que a su vez dilata los vasos sanguíneos y reduce las hormonas del estrés, como la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol” (Jon Kabat Zin).

Asimismo, como afirma el profesor Ronald Siegel de la Universidad de Harvard, la metodología mindfulness “aumenta la capacidad para tolerar las experiencias adversas sin necesidad de reducir su intensidad”, como pretende el modelo psiquiátrico.

Por su parte, el Dr. Gary Kaplan, neurólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, señala que “la meditación, de una manera sencilla y natural, permite a la mente experimentar un estado de calma y coherencia interior durante el cual los hemisferios derecho e izquierdo, y los lóbulos frontal y occipital del cerebro, comienzan a trabajar en mutua armonía. Esta coherencia en las ondas cerebrales ha sido relacionada con mejoras en la memoria, en la resolución de problemas y en la capacidad de toma de decisiones. Este cambio también afecta al resto de la fisiología, reduciendo la hipertensión, fortaleciendo el corazón y mejorando la salud en general”.

También se ha mostrado eficaz para la mejora de las relaciones sociales y la satisfacción de las necesidades de autorrealización.

¿Cuáles son los mecanismos terapéuticos del mindfulness?

La práctica de la meditación desarrolla la conciencia y el conocimiento de uno mismo porque facilita la observación no reactiva de los estados no deseados. La pauta de no reaccionar tratando de evitar o escaparse de los “eventos internos” (pensamientos, emociones y sensaciones) se practica en la meditación formal, pero se va generalizando a otras situaciones, por lo que contribuye a detener esta tendencia a la evitación, que es uno de los principales factores causales de muchas enfermedades.

Dicha pauta también permite observar el curso completo de los procesos mentales, puesto que no son interrumpidos por la reacción. Como consecuencia, se toma conciencia, no solo de los eventos internos, sino también de las conexiones entre ellos y de la impermanencia de los mismos. Por tanto, se reduce la percepción de amenaza y aumenta la disposición a permanecer en contacto con el estímulo estresante, lo que da tiempo para descubrir las consecuencias positivas, no inmediatas, de muchas adversidades o sucesos estresantes, desarrollándose así el componente de desafío de la personalidad resistente al estrés.

A medida que se desarrolla la capacidad de observación, se aprende a discriminar entre el yo-como-contexto y el yo-como-contenido, por lo que se produce de manera espontánea el proceso de desidentificación y, por eso, se va distanciando de los objetos que observa. La conciencia de uno mismo es ampliada observando los contenidos mentales como un devenir, como fenómenos que transcurren y pasan de largo, a diferencia del self o de la propia conciencia que permanece. De este modo los propios patrones de pensamiento que originan el sufrimiento se van desactivando sin necesidad de luchar contra ellos o sustituirlos por otros.

Desde Mindfulness para la Salud hemos tratado de explicar en qué consiste el mindfulness de forma integral. A partir de la semana que viene comenzaremos un ciclo de publicaciones monográficas sobre cada uno de los aspectos que hemos ido viendo de forma general, que esperamos que sean de vuestro interés. 

¡Os esperamos en el próximo post!

Ramón Mora

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