La disminución de la sintomatología y la mejora de la calidad de vida.
El dolor puede persistir por tiempo prolongado, sin una causa fisiológica que lo justifique, después de una lesión inicial o de alguna experiencia traumática, cuyos aspectos más dolorosos no son asumidos por la consciencia y se transforman en dolor físico, a través de un mecanismo de somatización.
El dolor puede ser más intenso por la presencia de determinados estímulos o situaciones de diversa índole, debido a su asociación con la experiencia aversiva original. Para evitarlo, en muchos casos también se evitan las actividades en las que pueden estar presentes dichos estímulos o situaciones.
Si la evitación de actividades se prolonga mucho en el tiempo, puede dar lugar a una disminución de la capacidad funcional y a una pérdida de importantes fuentes de reforzamiento, lo cual puede ocasionar un estado de ansiedad o de depresión que agrava el dolor. En la percepción de falta de control sobre los estímulos o situaciones aversivas, están implicados mecanismos neuroquímicos que reducen los niveles de analgésicos endógenos (endorfinas), por lo que se intensifica la percepción de dolor.